Actividades Espacio Trans Octubre 2025
Actividades Espacio Trans Octubre 2025
ESPACIO TRANS MADRID



ESPACIO TRANS BARCELONA



ESPACIO TRANS MADRID



ESPACIO TRANS BARCELONA



Activista, exconsejera de Paz y docente trans Victoria Strauss fue encontrada muerta en Medellín
El cuerpo de la politóloga, docente universitaria y líder Lgbtiq+ fue encontrado en el corregimiento de Santa Elena, zona rural de la capital de Antioquia

El hallazgo del cuerpo sin vida de Victoria Strauss en el corregimiento de Santa Elena, zona rural de Medellín, ha generado conmoción en la comunidad Lgbtiq+ y entre organizaciones defensoras de derechos humanos.
Strauss, politóloga, docente universitaria y exconsejera de paz, fue reportada desaparecida el 29 de septiembre y localizada esa misma noche, según confirmaron Sumapaz y Corpades.
Las autoridades mantienen abierta la investigación para esclarecer las circunstancias de su fallecimiento.
De acuerdo con los reportes recogidos por diarios regionales, Strauss fue vista por última vez en el barrio Villa Hermosa el 29 de septiembre.

Su desaparición movilizó a familiares y amigos, quienes iniciaron labores de búsqueda hasta que un ciudadano encontró su cuerpo en la vereda El Mazo, en Santa Elena, y alertó a la Línea de Emergencia 123.
El informe policial, citado por ambos medios, indica que la patrulla localizó el cuerpo de una mujer trans en una zona boscosa y coordinó la inspección técnica con funcionarios de la Sijin.
Las primeras versiones oficiales apuntan a la hipótesis de suicidio, aunque las autoridades también investigan la posibilidad de un homicidio, como subraya El Heraldo.
La trayectoria de Victoria Strauss estuvo marcada por su compromiso con la defensa de los derechos humanos y la igualdad.
Según La Razón, se desempeñó como consejera de paz entre 2017 y 2019, consolidándose como referente en la defensa de la comunidad Lgbtiq+ en Antioquia.
Además, participó activamente en marchas y espacios comunitarios, y su labor como docente universitaria y politóloga la convirtió en una figura respetada tanto en el ámbito académico como en el activismo social.
El impacto de su muerte se reflejó en las reacciones de organizaciones y allegados. La Fundación Sumapaz, citada por los tres medios, expresó: “Victoria Strauss, reconocida profesora universitaria, lideresa y activista trans en Medellín fue hallada sin vida en Santa Elena. Era Defensora de derechos LGBTI y exconsejera de paz (2017-2019), su caso exige justicia”.

Por su parte, Corpades manifestó “preocupación y fuerte rechazo” ante el hecho, exigiendo una investigación exhaustiva y celeridad por parte de las autoridades para garantizar justicia.
En redes sociales, amigos y colectivos sociales compartieron mensajes de dolor y reconocimiento a la labor de Strauss. Entre los testimonios recogidos por El Tiempo se encuentran expresiones como: “Te disfruté como amiga… tu fuerza no se apaga ni tu recuerdo. Vuela alto, porque siempre decidiste ser libre. Nos harás mucha falta” y “Victoria, sembraste una semilla de ‘fortaleza Trans’. Gracias por la luz de tus palabras. Siempre habitarás en nuestra voz. Serás ejemplo de resistencia, tiempo después del tiempo”.
“Lamentamos el fallecimiento de Victoria Strauss, politóloga egresada de nuestra Facultad, activista trans y defensora de los derechos humanos.Nos solidarizamos con su familia, amigos y con todos los sectores de la sociedad que hoy, al igual que nosotros, sienten su partida”, fue otro mensaje en memoria de Strauss, emitido por la facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional.
La investigación sobre las causas de la muerte de Strauss continúa.

La principal hipótesis manejada por las autoridades es el suicidio, basándose en el reporte inicial de la policía, que describe el hallazgo del cuerpo suspendido en una zona boscosa. Sin embargo, La Razón enfatiza la exigencia de organizaciones sociales para que se esclarezcan las circunstancias y no descarta ninguna hipótesis, subrayando la importancia de una investigación rigurosa y transparente.
El caso de Victoria Strauss se inscribe en un contexto de violencia sistemática contra la comunidad LGBTIQ+ en Colombia. Según datos del colectivo Caribe Afirmativo citados por La Razón, 58 personas LGBTIQ+ han sido asesinadas en el país en 2025, lo que evidencia la vulnerabilidad de esta población y la urgencia de acciones efectivas para proteger sus derechos y su vida.
El legado de Strauss, marcado por su lucha y ejemplo de resistencia, permanece como inspiración para quienes continúan defendiendo la diversidad y la dignidad en Colombia.
Actividades de Septiembre del Espacio Trans
💪🏳️⚧️ Desde @PlataformaTrans seguimos construyendo espacios seguros para fomentar tu autoestima y empoderamiento, así como para estrechar lazos entre iguales.
👇 ¡Apunta las fechas y no te pierdas nuestrans actividades!
💦Sábado 6 – Guadalpark 📍Sevilla
🧁Sábado 6 – Merienda en la casa solidaria📍Barcelona
📕Jueves 11 – Vuelta al cole 📍Sevilla
😀Viernes 12 – Caras nuevas, hora de conocerse 📍 Madrid
📚Sábado 13 – Quedada literaria 📍Barcelona
🎭Jueves 18 – Iniciación al teatro 📍Sevilla
🎞️Viernes 19 – Documental “La casa de las sirenas” 📍Barcelona
👩🍳Viernes 19 – Quedada de cocina, compartiendo recetas 📍 Madrid
✅Jueves 25 – Formación Desmontando bulos 📍 Madrid
🧘♂️Viernes 26 – Taller de Yoga 📍Sevilla
🏳️⚧️Sábado 27 – Realidades no binarias 📍Barcelona
👇 Confirma tu asistencia:
☎️ 954 22 87 28, de lunes a viernes, en horario de 10 a 14.
📧 espaciotrans@plataformatrans.es
🤝 Iniciativa de @PlataformaTrans , apoyada por @IgualdadGob
🤩 Actividades de Septiembre del Espacio Trans
💪🏳️⚧️ Desde @PlataformaTrans seguimos construyendo espacios seguros para fomentar tu autoestima y empoderamiento, así como para estrechar lazos entre iguales.
👇 ¡Apunta las fechas y no te pierdas nuestrans actividades!
💦Sábado 6… pic.twitter.com/RNnfAiIJk8— Plataforma Trans 🏳️⚧️ Hay Ley Trans (@PlataformaTrans) September 1, 2025
.









La primera mujer trans salvadoreña en recibir un DNI con su nombre y género ha decidido no emigrar y pelear por los derechos del colectivo
La activista trans Bianka Rodríguez (San Salvador, 32 años) pronuncia la palabra que más estremece a la comunidad LGTBIQ+ de su país: “Estadística”. Esa estadística que fija en 33 años la esperanza de vida de las personas trans. La que también revela que apenas el 2,8% de las denuncias por violencia lgtbifóbica termina en una condena. O la que contabiliza los asesinatos de ocho mujeres trans y dos hombres gais en un año (entre 2019 y 2020). En última instancia, una estadística que sitúa a las personas LGTBIQ+ ante una dolorosa disyuntiva: permanecer en El Salvador con el miedo de engrosar el número de víctimas o marcharse al duro exilio.
Rodríguez ha decidido plantar cara a la estadística y quedarse en su país. Directora de la asociación Comcavis y representante de ILGA-LAC (Asociación internacional de lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersex para América Latina y el Caribe), encadena varios hitos: fue la primera mujer trans en recibir un DNI con su nombre y género en El Salvador; también pionera en ser designada colaboradora de alto perfil por ACNUR; y en obtener el Premio Nansen para los refugiados.
Pregunta. ¿La radical política de seguridad de Nayib Bukele ha tenido su reflejo para las personas LGTBIQ+?
Respuesta. El Salvador vivía en un contexto tremendamente violento que también afectaba a la población LGTBIQ+. La violencia era perpetrada por maras, pero también por agentes del Estado. Desde que se instauró el régimen de excepción, la violencia disminuyó drásticamente. Lastimosamente, no es una política con un enfoque de género. No estamos en contra de que se aplique una política de seguridad. Pero que no tenga un enfoque de género, sobre todo de protección a las sobrevivientes y a las víctimas que fueron parte de las pandillas, deja en entredicho su efectividad. Personas que fueron coaccionadas por las pandillas han sido detenidas de forma arbitraria por las autoridades.
P. ¿En qué afecta esa falta?
R. Las personas LGTBIQ+ vivimos en círculos de exclusión, de violencia y que muchas veces, sobre todo a las mujeres trans, nos obliga al trabajo sexual para subsistir. Además, la violencia de las pandillas nos sumergía en ese círculo. Entonces, cuando la pandilla te obligaba a cometer un ilícito era porque tú tenías la necesidad de estar en una zona de trabajo sexual [bajo su control]. En El Salvador vivíamos un contexto donde o te volvías parte de la pandilla o te asesinaban. Esto sucedía no solo para las personas LGTBIQ+, sino para las mujeres y los jóvenes. En el caso de las personas trans, la pandilla te obligaba a ir a cobrar la renta o a servir como vigilante.

P. ¿Hay personas del colectivo en el Cecot, la megacárcel de Bukele?
R. No tenemos conocimiento de que exista población LGTBIQ+ en el Cecot. Desde antes de la llegada de Bukele, en El Salvador existe un centro específico para población LGTBIQ+, para prevenir la violencia que puedan sufrir por parte de otros reclusos. Esta política, por lo menos, se ha mantenido.
P. Hay una cercanía entre Bukele y el presidente de EE UU, Donald Trump, en varias de sus políticas, incluidas aquellas que cuestionan la perspectiva de género.
R. El Gobierno de Bukele ha limitado el ejercicio de derechos como la salud, la educación, el empleo o la vivienda, porque la mayoría de políticas afirmativas desaparecieron. Desde 2019, el Gobierno trasladó las funciones de la Dirección de diversidad sexual hacia la Unidad de género del Ministerio de Cultura. Y la protección de un grupo vulnerable no tiene nada que ver con la cultura. El último error fue el año pasado, cuando Bukele dijo que la educación integral en sexualidad tiene que ver con lo que definen como “ideología de género”. Así, el acceso a tratamientos antirretrovirales para las personas con VIH se torna algo difícil, y no se diga de otros temas en salud. Por ejemplo, hay mujeres trans con graves problemas tras haberse inyectado sustancias para reafirmar su género, porque el sistema de salud no brinda terapias de tratamiento de reemplazo hormonal.
P. ¿Cómo ha impactado todo esto en el exilio de los salvadoreños?
R. Es un contexto donde la violencia verbal, psicológica e institucional te pone en desventaja. Las personas LGTBIQ+ están siendo atacadas, son perseguidas y no encuentran ninguna forma de protección por parte de las instituciones. Esto les obliga a elegir entre irse al exilio o la miseria. Tienes que abandonar tu hogar, tienes que abandonar tu familia, tienes que abandonar casi todo. Y ahí es donde entra este dilema. Vivimos en un país seguro, pero las personas disidentes no entran dentro de esa política de seguridad. ¿Por qué los crímenes de odio quedan en la total impunidad? Una persona no va a seguir viviendo en un país que no le protege o que dificulta el acceso a educación, salud, vivienda o empleo.
P. ¿La población trans sufre con mayor intensidad estas dificultades?
R. Las personas trans enfrentan mayor violencia física y tienen mayor mortalidad. Nuestra expectativa de vida en El Salvador es de 33 años, según la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos o la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Y por ello muchas personas LGTBIQ+ entran dentro de esta dinámica de la movilidad humana: no quieren ser parte de esas estadísticas. Las mujeres trans subsisten con menos de un salario mínimo mensual, que son 365 dólares, y no existen políticas públicas de empleo. No queremos estar ofreciendo servicios sexuales, estamos en la calle porque de esa manera obtenemos recursos económicos. El acceso a la salud es muy difícil; ahora las personas trans dejan de ir al sistema de salud por la violencia institucional que enfrentan.
P. Cuénteme más de eso.
R. Sabemos que no tenemos leyes que reconozcan nuestra identidad de género. Los poquitos avances que se han institucionalizado a veces los implementan, a veces no. ¿Para qué voy a ir a una consulta si al final el médico me va a tratar mal, o no va a respetar mi identidad? Hasta marzo de 2024 todavía funcionaba el Acuerdo ministerial de Salud 202 y los Lineamientos de Atención en Salud para población LGTBIQ+, pero cuando empiezan a hablar de ideología de género, empiezan a eliminar, por ejemplo, los formularios que incluían la orientación sexual o la identidad. En el último año, tuvimos casos de mujeres trans que fueron llamadas con su deadname [el nombre previo a su transición], cuando anteriormente se obligaba al personal de salud a llamarles por sus apellidos. Todo esto desapareció. Incluso para temas de VIH, las mujeres trans son catalogadas como hombres que tienen sexo con otros hombres.
P. El Gobierno se ha derechizado, ¿los salvadoreños también?
R. No. En general, la sociedad avanzó en el entendimiento de que las personas LGTBIQ+ existimos. Sin embargo, movimientos antigénero influyen en el avance de las políticas públicas. Los gobiernos se agarran a decir que son provida o critican lo que llaman ideología de género, pero la mayoría de las constituciones de América Latina y el Caribe reconocen que nuestros países son laicos, y garantizan que todos somos iguales.

P. Las trabajadoras sexuales trans con quienes se reunía el papa Francisco eran migrantes latinoamericanas que resaltaban el aperturismo de su pontificado. En Latinoamérica, donde la Iglesia Católica tiene un papel tan importante, ¿se ha vivido ese aperturismo?
R. Las iglesias se han ido transformando; de alguna manera han tenido que entender que somos parte de la sociedad. El mensaje de Francisco en cuanto a la inclusión de las personas LGTBIQ+, en el sentido de que la Iglesia no los debería excluir de un aspecto fundamental como es la religión, no solo ha permeado a la Iglesia Católica, sino también a la evangélica. Las iglesias católicas se reunieron y dijeron: ¿por qué vamos a excluir a las personas LGTBIQ+ de nuestros espacios, si ellos y ellas vienen para alabar a Dios? Y hacen esta reflexión que de alguna manera da una sensación de aceptabilidad. Sin embargo, también hay una parte de las iglesias que tienen el mensaje contrario y excluyente. Así ha ocurrido en México, donde está reconocido el matrimonio igualitario. Las iglesias evangélicas hicieron un comunicado afirmando que con ese derecho se estaban dejando de respetar sus leyes. Los pronunciamientos vienen de legisladores que son pastores o pastoras que se han unido a las cúpulas políticas para limitar derechos de las mujeres y de las personas LGTBIQ+.
Hablamos con la Miss Trans España 2025 tras los ataques que sufrió en televisión por parte de la presidenta de Abogados Cristianos.
“Hemos actuado en los tribunales por un delito de exhibicionismo contra este espectáculo familiar en Mallorca que tenía alto contenido sexual en presencia de menores y fue financiado con dinero público”. Este es el mensaje que lanzaba hace unos días la fundación Abogados Cristianos en su cuenta de X para denunciar públicamente una actuación queer del artista Domi Shameless que tuvo lugar en una pedanía del municipio mallorquín de Calvià. El motivo del enfado y la denuncia fue por el supuesto uso de expresiones inapropiadas para un público infantil.
La polémica no solo se ha quedado ahí, se ha trasladado también a la esfera nacional, y es que el programa de televisión En boca de todos ha mostrado a la audiencia una parte de la actuación de Domi Shameless en la que se le escucha cantar “que me come el co (coño), que me come el co (coño)”. La intención era abrir un debate en el plató torno a esto, pero sin contar con lo más importante, el artista y protagonista de esta situación, que se mostraba indefenso en su cuenta de X: “A lo mejor alguien debería darme la oportunidad como artista de poder pronunciarme ante este circo sin sentido”.
Ante la imposibilidad de poder hablar en el programa de televisión en el que sí se dio voz a Abogados Cristianos, Domi Shameless se ha pronunciado en su cuenta de X: “Estoy totalmente dolido con esta situación totalmente innecesaria en nuevo intento de generar odio por parte de Abogados Cristianos. Me llamaron para dar un concierto y nadie me especificó que fuera un evento familiar o destinado para niños especialmente, puesto que no era así. Eran unas fiestas de pueblo como cualquier otra. Quiero hacer hincapié en que nadie, ni padres ni niños, se sintió incómodo con mi propuesta; al contrario, me dieron mucho amor y lo pasamos todos muy bien. Siento mucho que haya pasado algo tan feo ensuciando algo tan bonito como es el arte”.
En el debate que se abrió en el programa participaron Daniela Vallejo, Miss España Trans 2025, y Polonia Castellanos, presidenta de Abogados Cristianos. La intervención de Polonia generó más polémica aún al asunto, y es que se refirió a Daniela como “este señor”. Ante el ataque tránsfobo, Daniela, que se mantuvo respetuosa durante su intervención, saltó y le dijo que no le tratara de señor y que la respetara, a lo que Polonia, lejos de rectificar, respondió: “Para mí usted es un señor”.
Hemos hablado con Daniela Vallejo y nos ha contado cómo vivió este horrible episodio en el que se le intentó denigrar por su identidad de género: “Quiero interponer una denuncia contra esta señora por la humillación que se me ha hecho públicamente. Íbamos a debatir sobre el tema de la actuación, sobre las responsabilidades del Ayuntamiento de Calvià en esto, y cuando le desmonté su argumento decidió lanzar ataques sobre mi persona”. Asegura que desde el plató se intentó parar a Polonia Castellanos: “El presentador le pidió que rectificase y ella no quiso. Dijo atrocidades sobre mi persona”.
Daniela cuenta con la ayuda de la asociación Transexualia y asegura que “desde el Ministerio de Igualdad están intentando unirse” a su denuncia. “Como sociedad tenemos que unirnos para frenar esta transfobia; no entiendo cómo esta mujer se puede quedar tranquila después de soltar un discurso de odio”, nos ha dicho Vallejo.
Durante estos días la miss se ha sentido muy arropada: “Me ha llamado Víctor Gutiérrez para ofrecerme su apoyo, y también Karla Sofía Gascón para animarme a denunciar. En redes sociales muchas personas y colectivos están conmigo; quiero agradecer todo el apoyo que estoy recibiendo”.
El colectivo exigió a las autoridades investigar el caso con perspectiva de género y diversidad sexual
El colectivo Yaaj denunció el transfemincidio de Joselinne Páez, quien falleció el 18 de agosto pasado, pocos días después de que fue brutalmente golpeada en el municipio de Tepatitlán de Morelos, Jalisco.
En redes sociales, la organización dedicada a la defensa y promoción de los derechos de la comunidad LGBTTTIQ+, indicó que este es el segundo transfeminicidio y crimen de odio que ocurre en el estado durante los últimos ocho días, después del asesinato de la activista Katia Daniela Medina, directora del colectivo Zapotlán Diverso, en Zapotlán el Grande.
“Activistas locales califican su asesinato como un transfeminicidio y crimen de odio, el segundo ocurrido en el estado en los últimos ocho días, después del de la activista Katia Daniela Medina, directora del colectivo Zapotlán Diverso en Zapotlán el Grande.
“La agresión contra Joselinne la llevó a cuidados críticos, donde finalmente perdió la vida. Su muerte se suma a una ola de violencia contra mujeres trans y personas LGBTTTIQ+ en México, marcada por la impunidad, la discriminación y el odio estructural”, se lee en su cuenta de X.

En la misma publicación, la organización exigió a las autoridades estatales una investigación inmediata con perspectiva de género y diversidad sexual, así como “medidas efectivas y urgentes para garantizar la seguridad de todas las personas trans y diversas en Jalisco”.
A esto último, sumaron el llamado a que el Congreso estatal apruebe la iniciativa presentada por la diputada, Montserrat Pérez Cisneros, para tipificar de manera autónoma el transfeminicidio y los crímenes de odio, con penas que podrían alcanzar hasta los 50 años de cárcel.
“Este crimen de odio, junto al de Katia Daniela Medina en días pasados y quien fuera Directora del Colectivo Zapotlan Diverso en Zapotlan el Grande, evidencia la urgencia de frenar la violencia transfóbica en Jalisco y en todo el país.
“La memoria de Joselinne debe ser motor para la organización y la lucha por justicia, dignidad y vida plena para todas las personas trans. Por Joselinne y por todas las que nos han arrebatado:¡Ni una trans menos, ni una más en la impunidad!“, concluyó el colectivo.
El aviso sobre el veto al Q+ figura en una resolución de la comisión federal de ética y garantías del partido, fechada el pasado 7 de agosto y a la que ha tenido acceso Público. En ella se recuerda que esas siglas no pueden emplearse en las resoluciones políticas de la formación, y que aquellas que las recojan son nulas por contrariar la decisión firme que adoptó al respecto en diciembre pasado el congreso federal.
Entonces, varias militantes presentaron una enmienda a la ponencia marco de los estatutos del PSOE que abogaba por suprimir las referencias al término queer –según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, se refiere a quien «tiene una identidad de género o una orientación sexual que no se corresponde con las categorías tradicionales»–, así como el símbolo + cuando identifica a quienes se definen con otras que no están explícitamente incluidas en el resto de siglas. Las defensoras de la enmienda, varias mujeres de las delegaciones de A Coruña, Cáceres, Mallorca y Pontevedra, entre otras, alegaban que el Q+ amparaban en realidad «un significado misógino, ultraliberal y antifeminista«.
En su decisión del pasado jueves, el comité ha resuelto que serán consideradas nulas todas las resoluciones de las federaciones territoriales que usen las siglas antes señaladas porque, «como no puede ser otro modo, no tienen ni pueden producir efecto alguno» dado que vulneran lo acordado en diciembre. Y porque, además, los estatutos regionales deben ser aprobados por el comité federal, que no les dará el visto bueno si eso sucede.

En cuanto a la petición de que se le recuerde esa circunstancia a todos los cargos públicos para que se atengan a ella en su actividad política en nombre del PSOE, el comité de garantías advierte de que no tiene competencias para ello, pero sí recuerda literalmente que «todos los compañeros tienen el deber de cumplir lo acordado por el máximo órgano del partido, el congreso federal, cuyo mandato es «vinculante y obligatorio».
Según la encuesta Estado del Odio de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales Intersexuales y Más (FELGTBI+), que agrupa 55 entidades de todo el Estado, alrededor de cinco millones de personas, es decir en torno al 11,1% de la población española –hasta el 27,8% en el tramo de edad de 28 a 34 años y el 21,4% en el de 24 a 34–, se autoincluyen en alguna de las categorías de género u orientación sexual a las que se refiere la expresión LGTBI+.
Más de la mitad, el 50,5%, son bisexuales; un 17,5%, gays; un 11%, lesbianas; un 8,5%, no binarias; un 8,25%, asexuales; un 6,75%, transexuales, y un 0,5%, intersexuales. No existen datos estadísticos sobre cuántas de ellas se definirían también como queer, una fórmula que han adoptado muchas personas que se sienten incómodas con las etiquetas tradicionales y que identifican esa palabra como una forma de resistencia dialéctica contra las normas y conceptos sociales y culturales establecidos sobre el género y la diversidad.
Público se ha dirigido al PSOE para obtener la valoración de alguno de sus responsables, pero fuentes de la dirección de comunicación del partido han indicado que la resolución del comité de garantías sobre la exclusión de la Q y el + en el argumentario interno y externo del partido es «muy básica» y «absolutamente técnica y no política«. En el sentido, añaden, «de que los estatutos o resoluciones del congreso federal son de aplicación en los estamentos inferiores». «No haremos ninguna declaración más, precisamente por eso, porque se explica perfectamente en la aplicación de los estatutos», concluyen.
Este diario también se ha dirigido al Partido dos Socialistas de Galicia (PSdeG), la federación gallega de la formación, a la que están adscritas varias de las militantes que suscribieron la ponencia que reclamaba la exclusión del Q+. Según Aitor Bouza, secretario autonómico de Acción Territorial y Formación y líder del partido en Santiago, a quien el PSdeG dirigió a Público cuando se interesó por el tema, en el congreso de diciembre «no se quitó nada porque esas siglas no estaban en los estatutos». «Hubo un debate, que se magnificó, tras el que se votó una propuesta que fue aprobada y que nos vincula a todos y a todas«, afirma.
Para Bouza, además, el sentido de no incluir las siglas citadas está en que, a su juicio, la categoría queer «invisibiliza al resto de géneros y orientaciones» y su asunción impediría «que se combatan efectivamente los discursos de odio, la homofobia y la transfobia«. «No es que el concepto queer sea filosóficamente inadmisible, el partido no va en contra de lo queer, pero jurídicamente sí es inviable. Ser queer no es un derecho, se trata de una lucha distinta, es cierto que complementaria de la causa LGTBI, pero distinta», concluye.
https://www.publico.es/politica/psoe-prohibe-cargos-anadir-q-siglas-lgtbi-hablen-nombre-partido.html
Intervención completa de .@CambrolleMar en #ANHP, a raíz de la eliminación -por parte del PsoE- de la letra «Q» de la denominación del colectivo LGTBIQA+: «Se empieza quitando letras y se termina quitando derechos».
¡Enorme, Mar! Hay que escucharla 👇🏼En .@CanalRed_TV pic.twitter.com/rOZykdsaHh
— Santi🔻 (@unodeldiezE) August 11, 2025
Tanto huir como subsistir dentro del país resulta demasiado arriesgado para esta minoría, acosada y perseguida por las fuerzas de seguridad y hombres armados afines al Gobierno

Katia nunca había llegado a la cima del Qasiún. Este monte, acrópolis de Damasco, fue durante la guerra una trinchera natural desde la que las tropas de Bachar el Asad disparaban a los rebeldes que avanzaban hacia la capital.
Cuando el régimen cayó en diciembre y el ejército abandonó la zona militarizada, la joven de 21 años no esperó ni una semana para subir. Llegó hasta arriba con los colores de la nueva Siria: un vestido verde, un corsé negro y, envolviéndola, una bandera revolucionaria con tres estrellas rojas mal cosidas en el centro. A su lado, desierto ya, el cuartel de un Gobierno que había matado a 200.000 sirios en los últimos 14 años. A sus pies, Damasco, una ciudad que olía a nuevo.
“Siria es libre. Y la mujer, libre también”, escribió junto al reportaje que subió a Instagram de aquella excursión. Después de que las fuerzas islamistas de Ahmed al Shara llegaron al poder, Katia se negó a interrumpir su vida. Siguió yendo al casco antiguo, donde la conocían como la niña de Bab Sharqui por los días y noches que había pasado en los bares de la Puerta de Oriente. Siguió viendo a sus amigos, fue a fiestas, a mercadillos de Navidad. Hasta que las mismas redes sociales donde había expresado su euforia por la nueva Siria le confirmaron algo en lo que había evitado pensar: esta tampoco iba a ser una Siria para mujeres trans como ella.
La noche de fin de año, los rebeldes —ya en el Gobierno— y varias milicias afiliadas lanzaron una campaña contra un enemigo claro: las mujeres como Katia. Entre enero y febrero, los propios agentes publicaron en sus cuentas personales de Facebook vídeos en los que capturaban a chicas jóvenes y hacían con ellas lo que se les antojara. “Sácate la polla, que te la vamos a cortar”, le gritaban a una. A otras fueron a buscarlas a casa, las apalizaron y saquearon todo lo que tenían. “Llevo desde enero en esta habitación que dejaron vacía. Desde entonces no he salido ni nadie se ha atrevido a venir a verme”, explica por videollamada una superviviente, siete meses después de haber sido atacada.

Aquel fue solo el comienzo de una purga que sigue en curso. Trampas por aplicaciones de citas, secuestros, allanamientos, detenciones arbitrarias, apaleamientos… De 20 mujeres entrevistadas por este diario, al menos 14 han sido acosadas por las nuevas fuerzas de seguridad o por hombres armados afines al actual Ejecutivo sirio.
“Ahora no publican los vídeos, pero siguen yendo a por nosotras”, se pisan al hablar, atropelladas, Ghazal y Karima, dos amigas de Yaramana. Durante años, las personas queer de Siria encontraron un hogar medio seguro en este arrabal de Damasco, donde se mezclan drusos y cristianos, desplazados de otros rincones de Siria y refugiados iraquíes. Las dos viven en la misma manzana, cada una en un sótano. Se visitan cada vez que una de ellas puede permitirse un taxi que la lleve de puerta a puerta. Serían cuatro minutos andando, pero salir a la calle significa arriesgarse a que se repita lo que les pasó hace unas semanas.
A finales de junio, un grupo de agentes de la Seguridad General las arrestó cuando volvían a casa de una fiesta de cumpleaños. Las llevaron a una comisaría donde las raparon, les arrancaron las uñas, les golpearon con escopetas y dispararon a centímetros de su cuerpo. “De la próxima no salís con vida”, les amenazó uno. “Si no queréis acabar muertos, desapareced. Encerraos en vuestras casas o salid de este país. Nadie os quiere aquí. Dios os tiene asco”, les advirtieron, en masculino, antes de soltarlas.
Todo iba mal, pero ahora es mucho peor. Es como si tuviera miedo a las alturas pero viviera en un avión que no deja de alejarse de la tierra
Ghazal y Karima se quitan a la vez las pelucas que han decidido llevar mientras les vuelve a crecer el pelo. Se miran y tocan los chichones de sus cabezas. Los suyos y los de la otra. En el brazo de Ghazal se ve un tatuaje que antes tapaba la melena de plástico. Es el nombre de su marido, que la dejó cuando cayó el régimen después de 11 años juntos. “Le entró el miedo de que lo persiguieran por estar con un travesti. Me dijo que no tenía por qué aguantar lo mismo que yo pudiendo estar con una mujer [cisgénero]. Se me ha caído el mundo encima”, cuenta entre lágrimas.
Sus vidas tampoco fueron fáciles bajo El Asad. A Karima, de 25 años, la expulsaron de la facultad de Economía en cuanto se presentó como una chica en clase, y tanto ella como su amiga han pasado su juventud entre rejas. Ghazal, de 33 años, saca cuatro papeles de su habitación. Son cuatro sentencias que la condenaron por prostitución y desorden público después de que los agentes del régimen la vieran caminando por la calle. Los cuatro paseos le costaron cerca de dos años en la prisión de Adra, hacinada en celdas de unos seis metros cuadrados con otras 20 personas trans. “Nos tirábamos semanas de pie, sin ver el sol y sin que nos diera el aire”, cuenta Karima.
Por duro que fuera, ahora las dos recuerdan aquellos años con nostalgia. Coinciden en que lo que les ha venido es peor. Ghazal se siente culpable al reconocerlo: es de Deraa, cuna de la revolución, y perdió a su padre en un ataque aéreo del régimen en su pueblo. A día de hoy sigue celebrando los logros del nuevo Gobierno sirio: la expulsión del dictador, el levantamiento de sanciones económicas y la esperanza renovada de que Siria vuelva a prosperar. Su foto de perfil, de hecho, es el águila dorada que Al Shara presentó a principios de julio como emblema oficial de su mandato. “Me gustaría que me vieran como parte de mi país, pero mi país ni siquiera me reconoce”, lamenta.
Karima saca del bolso su documento de identidad caducado. Es rosa, y en el penúltimo renglón dice: ‘trastorno de identidad de género’. Poco antes de que lo derrocaran, El Asad incluyó una tipificación —patologizante— en los carnés de quienes se identificaban como trans. Karima ha intentado renovar el suyo, pero la nueva policía le dice que se olvide hasta que no aparente ser “el hombre que es”. “Todo iba mal, pero ahora es mucho peor. Es como si tuviera miedo a las alturas pero viviera en un avión que no deja de alejarse de la tierra. No sé cuánto tiempo más podré aguantar así”, dice.

Como Ghazal y Karima, muchas mujeres trans de Siria han seguido el consejo de las autoridades: encerrarse en sus casas o abandonar el país. Katia, la joven que subió al monte Qasiún tras la caída de El Asad, huyó a Beirut a las pocas semanas. Asegura que, desde entonces, más de un centenar de compañeras han hecho lo propio.
Una vez en el Líbano, pueden pedir ayuda a oenegés o solicitar asilo en terceros países a través de ACNUR. La asociación para personas LGTBI+ siria, GEM, tenía un programa específico para asistir a mujeres trans: “Los recortes a la ayuda internacional nos han obligado a interrumpir nuestras operaciones en un momento en el que las solicitudes han aumentado un 70%”, explica François Zankih, su fundador.
Las que buscan el amparo de oenegés extranjeras desde dentro de Siria se encuentran con una respuesta desoladora. “Nos dicen que nos quedemos en casa todo el tiempo posible y que, si podemos, nos vayamos al Líbano. ¡Lo mismo que la Seguridad General!”, denuncia Karima. Sin embargo, no todas están dispuestas a emprender el viaje. Esta primavera, cuatro amigas de Ghazal y Karima desaparecieron tras entregarse a una red de trata para que las ayudara a cruzar ilegalmente la frontera libanesa. Desde entonces, no se sabe nada de ellas. Karima se pregunta: “¿Qué ONG me asegura que no me van a raptar como probablemente les ha pasado a ellas?”
En Siria se quedan las que no pueden permitirse pagar a un traficante, las que no se ven capaces de mantenerse en un país más caro que el suyo y las que temen no llegar a salvo al otro lado de la frontera.
Intentan que no existamos. A veces lo consiguen. Pero estamos juntas. Somos la única familia que tenemosWard, de 25 años
Se queda Inanna, de 36 años, a la que sus padres abandonaron durante la guerra cuando se fueron a Alemania y la dejaron en Alepo “por ser un animal”. Cuenta por teléfono que lleva años sin salir de su casa, a la que se refiere como “mi cárcel”. Con los 50 euros que su madre le manda cada dos meses consigue que alguien le deje la comida y los antidepresivos que necesita en la puerta. Dice que ya lleva tiempo muerta y que, si no fuera por las redes sociales, se habría quitado la vida hace tiempo. En Instagram, Inanna comparte vídeos de las mujeres a las que admira —entre ellas, la senadora canaria Carla Antonelli—. En Facebook pide ayuda en inglés, por si alguien de fuera lo ve. “I really need help» (Realmente necesito ayuda, en español), escribe. Nadie parece escucharla.
Se queda también Eva, obligada a alternar por los mismos parques de Damasco en los que duerme. Cuando cayó El Asad, sus dos hermanos salieron de las cárceles del régimen y vieron que el menor de los tres era ya una chica con el pelo largo, que luchaba contra su vello y que había enterrado su nombre. “O te vas de esta casa o te matamos”, le amenazaron. Desde entonces, Eva reconoce haber hecho cosas peligrosas por necesidad: irse con hombres que no conocía, que la obligaban a tener orgías o que abusaban de ella. Un día, unos agentes de la Seguridad General la detuvieron en mitad de la calle. La llevaron al calabozo, donde pasó un mes y, como a Ghazal y Karima, raparon y torturaron.
También se quedan muchas otras. Mujeres desconocidas entre sí, que no tienen con quién compartir su existencia, y para las que la calle es un campo de batalla.
Natasha está intentando unir fuerzas con sus vecinas. Esta madre de 46 años, que presume de ser una de las pocas mujeres trans de Siria que han trabajado en un restaurante, convoca cada semana a sus hijas en su bajo de Yaramana. Se hacen las uñas, se ponen al día con sus chismes y se preguntan si a alguna le hace falta dinero. También comparan sus pechos: la mayoría de ellas los dejó en manos del mismo “carnicero” que les cobró 30 dólares (25 euros) por implantarles silicona libanesa de contrabando.


―“Somos las últimas travestis de Damasco a las que todavía no han dejado calvas”, bromea Maha, de 20 años. Es la más pequeña.
―“No lo gafes, ladyboy“, la calla Natasha.
Natasha, que no pudo despedir a sus padres cuando murieron porque sus primos prometieron matarla si se presentaba en el funeral, ha formado una familia en medio de la persecución. Esta madre con sus hijas han convertido el trauma en un idioma. Tienen palabras para ‘hombre’, ‘hay un cliente’ o ‘servicio’ que solo ellas saben articular. Y que, si las pronuncian, saben que solo las entenderán otras como Katia, Ghazal o Karima.
Más que nunca, se ponen a resguardo de un mundo que no las quiere en las calles y que las busca en sus casas. “Intentan que no existamos. A veces lo consiguen. Pero estamos juntas. Somos la única familia que tenemos. Queremos irnos y poder vivir juntas. Por lo menos poder decir que hemos vivido algo bueno cuando nos toque morir”, dice Ward, dejando el concierto a medias. “Y que cuando muramos, esta familia nos pueda velar. Que nuestras amigas nos entierren con dignidad. ¿Tanto pedimos?”.
La Federación Plataforma Trans, presenta esta iniciativa cultural, compuesta por 16 infografías, que nace con la voluntad de recorrer la memoria histórica del colectivo trans en el Estado español, poniendo especial énfasis en los momentos clave de la segunda república, la dictadura franquista y la democracia.
Este repaso visual y documental es una herramienta para visibilizar las luchas, resistencias y silencios que han marcado las vidas de las personas trans, a menudo condenadas a vivir en los márgenes: desde la periferia social, institucional y política. Una periferia donde, a pesar del estigma, hemos tejido formas de supervivencia, organización y dignidad que merecen ser reconocidas.
Esta propuesta no es solo una muestra cultural, sino también una acción política y pedagógica: defender la memoria como un derecho y como instrumento de reparación. Poner en valor los nombres, rostros y hechos que la historia oficial ha querido olvidar es un paso hacia el respeto, la reparación y la justicia social para el colectivo trans.
«Desde la periferia, al respeto» es un acto de reconocimiento y reivindicación, pero también un grito de alerta: no podemos construir un futuro digno sin mirar de frente al pasado. Esta exposición quiere contribuir a mantener viva la memoria silenciada de nuestro colectivo, abriendo caminos hacia una sociedad más inclusiva, diversa y transpositiva.
Porque no hay democracia completa sin memoria!
Porque somos historia, somos presente y seremos futuro!
© Federación Plataforma por los derechos Trans Desde 2015