La trampa del mimetismo: por qué la izquierda no puede hablar como la ultraderecha

4 Views

(I-D) El diputado de Más Madrid en la Asamblea, Emilio Delgado; la periodista Sarah Santaolalla y el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, durante un diálogo sobre el futuro de la izquierda alternativa, en la sala Galileo Galilei – Eduardo Parra / Europa Press
A la ultraderecha no se le disputa el voto hablando como ella. La izquierda se desdibuja cuando habla como la derecha, y se suicida cuando imita a la extrema derecha
En el actual escenario político, bajo el socorrido mantra de la «unidad», estamos asistiendo a un espectáculo bochornoso. Como si de un mercado medieval se tratara, proliferan vendedores de fórmulas mágicas y «pastores» que, en nombre de un supuesto dios zurdo, prometen salvarnos del abismo. Sin embargo, su estrategia es suicida: pretenden frenar a la ultraderecha comprando su marco mental.

Aceptar que el avance del feminismo es una amenaza para la seguridad de los hombres, vincular migración con delincuencia o presentar los derechos LGTBIQ+ como un agravio para la población heterosexual no es una estrategia táctica; es una declaración de derrota. Cuando la izquierda asume los discursos de la «batalla cultural» de la extrema derecha, el fascismo ya ha ganado. Es especialmente peligroso y éticamente reprobable criminalizar las políticas de igualdad señalándolas como la causa del auge del fascismo. No se combate al monstruo dándole la razón en sus prejuicios.

A la ultraderecha no se le disputa el voto hablando como ella. La izquierda se desdibuja cuando habla como la derecha, y se suicida cuando imita a la extrema derecha. Resulta hipnótico ver a estos nuevos profetas apelar a una masculinidad celtibérica rancia. Son los mismos que, con un sesgo colonialista innegable, validan el uniforme de una monja católica mientras se rasgan las vestiduras por el uso del burka, coincidiendo curiosamente sin despeinarse con los argumentos de VOX y el PP. Esta «izquierda» olvida que las desigualdades sociales, económicas y culturales son el verdadero abono donde germina el populismo autoritario. Validar sus discursos no es ser «pragmático», es ser subalterno. Y ser subalterno de un PSOE más preocupado por la inversión armamentística que por la sanidad pública, la vivienda o la educación, es abandonar a la clase trabajadora a su suerte. Debemos redefinir los conceptos.

La inseguridad no tiene el rostro del inmigrante ni de la mujer empoderada: Inseguridad es no llegar a fin de mes. Inseguridad es el miedo al desahucio y ver escuelas sin recursos. Inseguridad es una lista de espera eterna en el hospital. Para ganar a la ultraderecha no hace falta mimetizarse con ella, hacen falta políticas valientes. La victoria se construye garantizando que la vivienda sea un derecho y no un bien de mercado, ofreciendo oportunidades reales a la juventud y derogando leyes como la 15/1997 que abren la puerta a la privatización sanitaria. Frenar al fascismo implica topar los precios de la cesta de la compra, subir el SMI y las pensiones, y blindar la protección integral a las mujeres y al colectivo LGTBIQA+. La alternativa al odio no es un eco moderado del mismo odio; es la certeza material de una vida digna.

https://www.diario-red.com/opinion/mar-cambrolle/trampa-mimetismo-que-izquierda-puede-hablar-como-ultraderecha/20260219133306064191.html

No comments