«El desabastecimiento afecta actualmente a 400.000 mujeres en etapa de menopausia y mujeres trans. Estas terapias no son un capricho; son tratamientos médicos esenciales», ha criticado Mar Cambrollé.
La escasez de medicamentos utilizados en los tratamientos hormonales a base de estrógenos está afectando, además de a las mujeres que atraviesan la menopausia, a numerosas mujeres trans. Los problemas de suministro de Lenzetto, el espray de estradiol que se administra sobre la piel, han llevado a muchas a buscar otras opciones con el mismo principio activo y, en los peores casos, algunas han tenido que interrumpir temporalmente sus tratamientos. «El desabastecimiento afecta actualmente a 400.000 mujeres en etapa de menopausia y mujeres trans. Esta situación vulnera el derecho fundamental a la salud. Estas terapias no son un capricho ni una cuestión cosmética; son tratamientos médicos esenciales», ha criticado Mar Cambrollé, presidenta de la Federación Plataforma Trans.
Aunque las dificultades para conseguir Lenzetto comenzaron a hacerse más evidentes el pasado mes de marzo, Gina, por ejemplo, asegura que lleva varios años encontrándose con diferentes problemas para acceder a este medicamento. Lo «peor», a su juicio, son «los tiempos de atención» sanitaria, que no responden a la urgencia de poder continuar el tratamiento cuando este escasea, explica a Público. Ante la falta de continuidad en el suministro, tanto ella como su pareja pasaron en un momento dado a utilizar parches transdérmicos Evopad de 75 microgramos. Por suerte, hasta ahora han podido conseguirlos con facilidad, pero saben que otras mujeres trans no están corriendo la misma suerte.
Cada vía de administración del estradiol tiene sus particularidades. Ni todas se absorben, ni se dosifican, ni se toleran por igual. Es lo que le ocurre a Sarah, una mujer trans e intersexual que, según relata a Público, no puede recurrir a los parches porque le irritan mucho la piel, hasta el punto de causarle llagas. Tampoco tolera bien los comprimidos.
Durante un tiempo utilizó Lenzetto, pero, como muchas otras mujeres, dejó de encontrarlo en marzo. Desde entonces, su alternativa ha sido Oestraclin, un gel que tiene que pagar íntegramente de su bolsillo. En su caso, no poder mantener el tratamiento tiene consecuencias especialmente acusadas porque, según relata, apenas produce testosterona y, cuando descienden sus niveles de estrógenos, sufre vértigos, dolores musculares, cansancio intenso y cefaleas.
La escasez se traslada a otros medicamentos
La situación ha tenido un efecto dominó sobre otros medicamentos que contienen estradiol. La derivación de pacientes hacia los parches ha incrementado su demanda y provocado, a su vez, problemas intermitentes de disponibilidad también en estos productos.
Kel, que lleva algo más de un año en tratamiento hormonal con estrógenos y bloqueadores de andrógenos, también comenzó utilizando Lenzetto. Al principio, explica, podía encontrarlo después de preguntar en dos o tres establecimientos. Sin embargo, con el tiempo, la búsqueda se fue complicando. Kel cuenta que llegó a contactar con una veintena de farmacias en Madrid sin éxito. Finalmente, pudo conseguir un envase gracias a que otra mujer trans disponía de unidades de reserva y se lo facilitó.
Aquella ayuda le permitió mantener el tratamiento mientras intentaba contactar con su endocrinóloga para solicitar un cambio de medicación, con todos los tiempos y plazos que ello requiere. Las diferentes interrupciones en la administración de estradiol afectaron a su estado de ánimo y a su bienestar psicológico. Pasado un tiempo, consiguió que le prescribieran Evopad, pero comenzó a observar que los parches se le desprendían de la piel antes de lo previsto y necesitaba sustituirlos con mayor frecuencia de la pautada, por lo que en ocasiones tampoco dispone de dosis suficientes. A ello se añade que, en sus últimas visitas a las farmacias, ha comenzado a encontrar dificultades de disponibilidad similares a las que experimentó anteriormente con Lenzetto.
La espera para conseguir una nueva receta
Freia relata que comenzó a tener problemas para encontrar Lenzetto a principios de año. Después de buscarlo en varias farmacias sin éxito, intentó conseguir una alternativa a través de su centro de salud. Su médica de atención primaria le explicó, según su testimonio, que debía ser el servicio de endocrinología el que valorara el cambio de medicación y ajustara la dosis. Para entonces, ya llevaba varios días sin el medicamento. La posibilidad de tener que esperar alrededor de un mes para recibir atención especializada la dejó ante una situación que no sabía cómo resolver.
Freia cuenta que tenía su producción de testosterona suprimida mediante el tratamiento y que la interrupción del estradiol le provocó un deterioro de su estado de ánimo, episodios de llanto y un malestar que relaciona directamente con el descenso de sus niveles hormonales. En su caso, asegura que no recibió ninguna comunicación preventiva sobre las dificultades para conseguir el medicamento ni indicaciones sobre cómo proceder si se agotaban sus existencias.
María, otra de las mujeres consultadas por Público, describe dificultades muy semejantes, sobre todo a la hora de comunicarse con su especialista. Tiene 51 años y lleva ya tiempo en tratamiento hormonal. Sus consultas de endocrinología se programan con varios meses de separación, por lo que conseguir que se revise la prescripción entre dos citas no es precisamente sencillo. Cuando comenzó a encontrar dificultades para conseguir Lenzetto, intentó trasladar el problema a su endocrinóloga. También acudió a atención primaria. Finalmente, logró que le prescribieran parches Evopad a través de la receta electrónica y pudo continuar con el tratamiento.
«Cuando una persona se queda sin la cantidad adecuada de hormonas para estar simplemente de pie, para vivir el día a día, se dice que está en un estado de hipogonadismo. Ese cuadro clínico lleva debilidad, neblina, falta de ánimo o desánimo directamente, llámalo si quieres depresión. Que a una persona de pronto le falte su tratamiento diario significa que a los tres días se va a estar arrastrando por el suelo, no va a poder con su vida. Con todo, no parece haber una gran prioridad por sustituir o volver a llenar ese vacío», lamenta María. «La debilidad física es brutal y las consecuencias sobre articulaciones y huesos es horrible. Te lo puedo decir porque no produzco testosterona apenas y me he tirado años sin saber que tenía un déficit de testosterona. No se puede vivir de esa manera«, insiste.
El coste de las alternativas no financiadas
Todas estas dificultades de acceso tienen también una dimensión económica. Cuando una paciente no puede utilizar los medicamentos financiados, al menos parcialmente, por el Sistema Nacional de Salud, bien porque no los tolera o porque no están disponibles, se ve obligada a pagar íntegramente otras opciones que contienen el mismo principio activo.
A este respecto, Sarah, por ejemplo, calcula que antes abonaba aproximadamente 1,50 euros mensuales por Lenzetto, mientras que el cambio a Oestraclin ha elevado su gasto hasta alrededor de 30 euros al mes. Luz, otra de las mujeres que han trasladado su experiencia a este periódico, recuerda que ese desembolso se produce en un contexto de especial vulnerabilidad, donde «muchas tienen muchos problemas para conseguir empleo y acceder a cirugías. Es un asunto que complica aún más un camino largo«.
En el mismo sentido, Gina, que no ha tenido que pagar personalmente una alternativa no financiada, considera que «garantizar la continuidad» de los tratamientos «no debería depender de la capacidad económica de cada persona ni de que consiga una visita a tiempo para cambiar la prescripción».
La compra de hormonas por vías no oficiales
La prolongación de los problemas de suministro ha llevado a algunas mujeres trans a buscar soluciones fuera de los circuitos ordinarios de dispensación. Se trata de una práctica que varias de las entrevistadas mencionan, aunque no todas han recurrido personalmente a ella. Todas son conscientes de que la adquisición de estrógenos a través de terceros o de proveedores no autorizados plantea problemas serios para su seguridad, pero también conocen la situación límite y el enorme malestar que puede suponer la interrupción del tratamiento.
Freia reconoce que terminó recurriendo a esta vía después de pasar varias semanas intentando conseguir Lenzetto y comprobar que no podía obtener una nueva prescripción con la rapidez que necesitaba. En lugar de continuar utilizando el espray, comenzó a adquirir estrógenos inyectables. Explica que tomó esa decisión mientras esperaba una consulta de endocrinología y que, desde entonces, ha continuado utilizando esta opción. Kel y Luz también conocen a mujeres que han recurrido a preparados inyectables adquiridos por su cuenta.
Por todo ello, desde la Federación Plataforma Trans han exigido a la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) y al Ministerio de Sanidad la declaración de la situación de emergencia sanitaria, el reconocimiento de estos tratamientos como crónicos y vitales, la cobertura total por parte de la Seguridad Social de todas las alternativas terapéuticas viables y la sanción «de forma ejemplar» al laboratorio responsable de Lenzetto «por su falta de previsión e incumplimiento del deber de notificar la falta de stock«.


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